Es una coincidencia que no sé si llamar feliz, pero sí por lo menos aventurada, que en el programa del jueves de Hollman Morris, Contravía, hayan entrevistado a “Popeye” con respecto a hechos como el atentado del avión de Avianca, la muerte de Lara Bonilla y la de don Guillermo Cano. Coincidencia porque ayer salió el informe de la Comisión de la Verdad encargada de esclarecer los hechos ocurridos en la toma del Palacio de Justicia. Lo digo porque nos permite reflexionar sobre el papel de la comisión en sí y nos hace cuestionar la seriedad de su informe, ¿qué hay detrás de la cortina de humo?
Por una parte, en este país donde el gobierno quiere tener Cortes de bolsillo, Fiscalías y Procuradurías de bolsillo, esta “efectiva gestión” puede parecer un verdadero logro, una muestra de la posibilidad de reivindicación, de recuperación y sanación de uno de los hechos más traumáticos de este país. Sin embargo, como siempre ha sido, pareciera desatender la obligación moral de quienes en realidad causaron la mayoría de las muertes. Me refiero a que esta obligación siempre ha sido de palabra, y que nunca se ha visto en este país una verdadera acción que contemple la posibilidad de distribuir las culpas de manera igualitaria. Las Fuerzas Militares, nuestros héroes, duermen con la conciencia tranquila desde 1985, nadie lo duda y a nadie le sorprende.
¿Cuál es la credibilidad de un informe que señala los supuestos vínculos entre el cartel de Medellín y el atentado del M-19 en un país donde la derecha gobernante también está untada del dinero sangrante del mencionado cartel, como afirmó Velásquez en la entrevista? ¿No es cuestionable, por lo menos un poco, la relación que establece el informe, a la luz de las acciones del mismo cartel en contra del M-19 con el movimiento MAS, por ejemplo?
Por otra parte, las afirmaciones de Carlos Medellín sobre la necesidad de que Navarro y Petro vayan buscando un abogado, ¿no deberían recaer también sobre los otros actores participantes el día de la toma?
Las declaraciones de Popeye, más allá de la credibilidad que se les quiera dar, deberían abrir un campo serio de cuestionamiento por parte de la opinión pública sobre las verdaderas relaciones políticas establecidas por el cartel de Medellín con la clase dirigente colombiana.
Nuestra heroína Noemí Sanín, al mejor estilo de Pilatos, se lava las manos y defiende el manejo amañado de la información sobre el atentado, momento en el que ella era Ministro de Comunicaciones. Nunca será entendible para mí, que mientras se tomaban el Palacio y las Fuerzas Militares precipitaban la muerte de los mejores magistrados que ha tenido la historia de Colombia, los colombianos estuvieran viendo un partido de fútbol. Pero ella salvó el día y todos les agradecemos y esperamos que algún día dirija el destino de este país.
Por supuesto el informe de la Comisión de la Verdad narra la verdad: la verdad que debemos creer, la verdad sedante y tranquilizadora, la verdad que nos hará pasar una Feliz Navidad y un Próspero 2010.
Así las cosas, este año para Colombia termina como empezó: todos muy felices y muy tranquilos sabiendo que los mejores hombres del país nos dirigen, que esta es una verdadera democracia, que debemos confiar en nuestros héroes y que los inmundos mamertos de la izquierda y la oposición son una caterva de criminales que hacen burla de nuestra amada sociedad con sus aspiraciones políticas incoherentes con su pasado criminal. Nosotros los colombianos de bien, debemos creer en esa verdad e ir a las urnas a votar por el único Gobierno que nos ha devuelto la fe, la esperanza y la posibilidad de bajar a la finca tranquilos todos los fines de semana. Y que se jodan esos hombres rectos como Alfonso Ibáñez, que este país no necesita a la Corte Suprema de Justicia si nuestro Presidente y sus súperamigos son el verdadero Salón de la Justicia de este pueblo de fufas y gandules.
Hay temas más importantes que el asedio a la Corte, finalmente, como el hecho de que Juanes sea de nuevo elegido hombre del año. Que nuestra loba barranquillera hable de la educación y de sus obras benéficas tan necesarias en un país en donde el Estado ignora temas tan importantes; la obligación de estos remedos de artista es ésa, llegar a donde el Gobierno no llega: eso no deja de ser triste. Más allá de las buenas intenciones de nuestras malogradas celebridades, Colombia enfrenta hoy más que nunca la ausencia de un Gobierno que garantice el bienestar de los ciudadanos; sin embargo, nuestros embajadores en el exterior, como los dos citados, puede ser que hagan tanto mal al arte pero tanto bien al pueblo que para el año siguiente deberían ser ellos quienes negocien el incremento del salario mínimo. Mínimo Shakira puede sacar de su bolsillo el monto del aumento, cosa que, extrapolada, sería tan benéfico como que Pablo Escobar hubiera pagado la deuda externa. No estoy cuestionando a nuestros artistas ni sus grandes corazones –y tal vez ésta sea la única oración sin mancha alguna de ironía de este escrito-: cuestiono a un país tan corto de miras que se contenta con los pañitos de agua tibia que ellos le puedan poner a nuestra febril miseria.
Cuestiono a un país del cual soy orgullosa ciudadana pero que me hace avergonzar con su falta de coherencia, al preferir en el prime time todas las producciones que resaltan los antivalores sembrados por el narcotráfico y la corrupción política que nos han llevado a este punto de decadencia moral e intelectual en el cual la mayor aspiración de mis compatriotas, y hasta de pronto mía cuando sueño con ganarme el baloto, es la de conseguir nadar en dinero sin trabajar para llenar la piscina. Razón por la que libros como “Mi confesión” de Carlos Castaño se venden más que “Lara” de Nahum Montt.
Muchas veces me han dicho que en vez de criticar el país que me da de comer me largue. No quiero. Amo a este pedazo de tierra cada día más estéril. Y como lo amo, le digo la verdad, no la verdad fruto de las comisiones amañadas: la verdad que vivimos y respiramos desde nuestra infancia los verdaderos hijos de esta sociedad decadente, olvidadiza e hipócrita. ¡Que viva Colombia!, claro, después de morir y volver a nacer.
- sábado, diciembre 19, 2009
- 8 Comments





