Seguramente usted, amigo lector, también ha pasado por situaciones como esta. Y seguramente, también está usted terriblemente cansado de ser usado de forma tan agresiva y descarada. Es hora de unirnos, de gritar todos desde el fondo desde nuestro pecho : ¡NO TENGO POR QUÉ SABERLO!
Nos pasa a todos. Si usted amigo, es abogado, aunque esté especializado en derecho tributario va a recibir una llamada del primo-del-amigo-de-la-prima-de-la-tia-de-la-novia-del-vecino para que le ayude a poner una acción de tutela porque el colegio del chino no lo deja llevar medias de malla con el uniforme de fútbol o cualquier pendejada; si usted esgrime que su especialidad es otra, el primo-del-amigo-de-la-prima-de-la-tia-de-la-novia-del-vecino asume que usted es una mal abogado. Que esa platica de la universidad se perdió.
Si usted, como yo, estudió literatura, recibirá, como me ha pasado a mí (lo juro) una llamada para preguntarle por el significado de una palabra o por su antónimo. ¡Joder! ¿es que no existen los diccionarios?, ¿es que la Internet sólo sirve para mariquear?, ¿ah? O le puede suceder que todo el mundo crea que usted debe tener la última palabra en cuanto a libros se refiere, o que debe haberlos leído todos, o que siempre tiene que salir con el comentario erudito, crítico (mamerto y pseudointelectual) sobre la obra en cuestión. Tres cosas: 1. Estudié literatura, no lectura rápida; 2. A veces lo único que tengo para decir sobre un libro es que me gustó; 3. Si usted amigo cree que sólo y porque alguien que estudia literatura le recomendó un libro éste necesariamente es bueno, se debe a que es usted un pobre ingenuo (o simplemente imbécil).
Le pasa a los profesores de inglés, pues la gente los toma como diccionarios ambulantes y si se equivocan o no conocen una palabra la gente les dice "¿Y luego usted no estudió inglés?". El historiador debe saberse los nombres de todos los presidentes para la tarea del primo, el matemático es el único que sabe multiplicar a la hora de pedir la cuenta, el médico tiene que diagnosticar a los amigos sin examinarlos.
¿Por qué putas?, ¿es que el trabajo de uno no vale?, ¿es que la universidad lo gradúa a uno de solucionario de los problemas ajenos?
Yo soy culipronta, de hecho soy miembro de ANACUPRO ... pero tengo un límite. Y no quiero ser el diccionario de sinónimosy antónimos, ni la guía turístico-literaria, ni nada de eso. Y menos gratis.
Hay que establecer ciertos límites y eso empieza por uno mismo. Así que además de dejar de usar a los profesionales de distintas disciplinas como su manual para dummies usted, amigo abogado, literato, historiador, ingeniero, filósofo o lo que sea que sumercé haya tenido a bien en convertirse, deje de acaparar las conversaciones hablando sólo de su oficio, de lo bueno que usted es en él, de como usted SÍ entendió el libro y los demás no. Porque en ese caso, mi querido lector, es usted simplemente imbécil (en ningún caso un pobre ingenuo).
- martes, noviembre 25, 2008
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