Días de lluvia
jueves, octubre 15, 2009Hace cinco minutos venía en el carro de una amiga hacia mi trabajo, cerca a los cementerios del norte. A pocos metros de llegar a nuestro destino dos niños, uno de aproximadamente 8 años, el otro de 11 o 12, echando dedo, emparamados, con frío, esperando que alguno de los lujosos carros que se mueven por esta vía los arrastre un poco. Van hasta abajo, hacia el Club Los Arrayanes. Nosotras paramos. Mi amiga les pregunta que hacen tan temprano, mojándose a la orilla de la carretera. Ellos trabajan allá, pasean perros. "¿Con esta lluvia?" pregunta ella. "Pues señorita, hoy no creo que nos los dejen sacar porque ellos son muy delicados y no pueden mojarse; pero lo importante es que uno vaya y muestre la cara pa que no digan que fue que le dio pereza o algo". Yo quisiera preguntarles muchas cosas y no les pregunto nada, porque soy una estúpida. Sólo les pregunto cuanto tiempo llevaban ahí parados y ellos me dicen que mucho. Tienen que bajarse pues nosotras vamos a desviar, no alcanzamos a llevarlos, ya venimos muy tarde. La estúpida sombrilla, que compré cara porque "esas son las que salen buenas", en mi cartera se ve aún más ridícula. Se las doy... y lejos de sentirme bien, me siento como una idiota, porque eso no soluciona el problema. Los vemos pararse en la esquina otra vez a echar dedo. Son casi 3 kilómetros, calculo yo que carezco de razonamiento espacial, y me imagino que todas las mañanas los caminan. El menor tiene la edad de mi hijo, a quien le gusta todavía que lo cargué como bebé cuando estamos solos; ése que, aunque lo oculte de sus amigos, todavía duerme con un perrito de felpa.
Llueve a cántaros. Tengo los dedos entumidos mientras escribo esto, y tengo rabia. Y me siento tonta, tonta, tonta. Inútil. Las lágrimas siempre son ridículas en estos casos.
Cuando sea grande quizás entienda por qué.

9 comentarios
Una situación realmente triste y frustrante.
ResponderBorrarte entiendo, y entiendo el dolor, yo le he sentido, y muy seguido, y lastimosamente te digo, creo que nunca vas a saber porque!
ResponderBorrarUna tristeza que nunca se cae del peso que se merece ya que la cotidianidad transcurre como el oxido que cada vez daña la telita humana.
ResponderBorrarLos perros son muy delicados y no se pueden mojar, pero la neumonía de los niños no importa. Ese es el grado de nepotismo (se que no es la palabra correcta, pero a falta de otra) al que ha llegado el país.
ResponderBorrarQuizas las lagrimas no sirvan para nada pero son necesarias en este tremendo caso. O no sé si me levante sentimental pero es increible que eso suceda una y otra vez
ResponderBorrarEsos son casos ejemplares que demuestran que este país lo que está es bien: ¿qué harían los pobres niños si no existiera el club?, ¿ir al colegio como un niño normal? No, no, no, no, que trabajen como el presidente...
ResponderBorrarMuy injusto .
ResponderBorrarMientras la educación no sea una prioridad en esta país, seguirá pasando lo q esta pasando.
Me pregunto, ¿cómo se podría movilizar un esfuerzo mayor para salir de la frustración y de paso sentir que uno no es un inútil cómodo? Personalmente, me siento insatisfecha con apenas indignarme, si he de regresar, yo no seré la misma persona con mi plato de comida individualista. Gracias por recordármelo Angelita.
ResponderBorrarEse sentimiento de impotencia es tan frustrante...
ResponderBorrarpero realmente, que se puede hacer en esos casos?
Verifique la conexión cerebro-teclado.