Transdisciplinaridad, tres cuestiones cuánticas o "¿Qué rayos sabemos?"
martes, noviembre 21, 2006Hace algunas semanas tuve la oportunidad de ver un documental –aunque este no sea exactamente su formato – sobre física cuántica en el marco del seminario de transdisciplinaridad. Es interesante ver cómo se plantean nuevas relaciones entre diferentes ámbitos del pensamiento y el quehacer humano. Es interesante intentar nuevas formas de divulgación del conocimiento científico, que tiende a ser poco seductor para la persona promedio que prefiere no enredar su cotidianidad, ya compleja de por sí, con teorías y términos que le parecen incomprensibles e inútiles dentro de la inmediatez que el mundo le exige. Es interesante cuestionar las formas rígidas de pensamiento a las que por tradición nos hemos acostumbrado. Sin embargo, a pesar de lo interesante, puede resultar algo incómodo el hecho de que una nueva aproximación a la realidad termine en algo bastante cercano al misticismo característico de las miles de sectas que fundamentan su doctrina en “supuestos” hallazgos, descubrimientos o enigmas de la ciencia.
Los paratextos que aparecen en este escrito pertenecen al guión del documental “¿Qué rayos sabemos?” y pretenden plantear un ejemplo “transversal” de lo que se ha considerado como transdisciplinaridad a lo largo de las sesiones del ya citado seminario que dicta Claudia María García en la especialización en Estudios Culturales de la Javeriana. Reflejan una interpretación personal del asunto y ponen en evidencia las preguntas y reflexiones que la clase me ha planteado.
El cerebro no reconoce la diferencia entre lo que ve en su medio ambiente y lo que recuerda.
Nosotros dirigimos la idea holográfica.
Cualquiera sea el modo en que observemos el mundo
que nos rodea...
Entonces, ¿cómo puedes continuar viendo el mundo
como real si el ser que determina que es real es intangible?
¿Todas las realidades existen simultáneamente?
¿Hay una posibilidad de que todas las contingencias
existan una junto a la otra?
¿Te has visto alguna vez a través de los ojos de otro en quien te has
convertido y te has mirado a través de los ojos del observador máximo?
¿Quienes somos?, ¿de donde venimos, que deberíamos hacer y adónde vamos?
¿Por qué estamos aquí? Ésa es la pregunta fundamental, ¿no? ¿Qué es la realidad?
Lo que creí que era irreal, ahora para mí en cierta manera, parece
ser más real, que ahora parece más ser irreal.
No puedes explicarlo, y cualquiera que pasa demasiado tiempo tratando
de explicarlo es probable que se pierda para siempre en el hoyo del conejo de lo misterioso.
La idea de la transdisciplinaridad resulta bastante problemática en la medida en que no podemos delimitarla fácilmente. Las diferentes maneras en que nos aproximamos a los objetos de conocimiento suelen estar configuradas dentro de disciplinas y posturas determinadas que responden efectivamente a cuestionamientos específicos.
Surge la necesidad de mirar los fenómenos, los acontecimientos, los lugares, la realidad en general, desde diferentes posturas… se necesita abrir el espectro de lo que hasta el momento se había considerado como respuesta y se lucha desesperadamente ante la pérdida de certezas. Por una parte está la idea de que es necesario hacer acopio de todo lo que ha sido pensado para rearmar los conceptos y volverlos a establecer en el trono de las seguridades; por otra parte, la de que es necesario romper con los paradigmas tradicionales del pensamiento y dejar espacio para aproximaciones refrescantes a los problemas de siempre o para los infaltables “nuevos problemas”.
Históricamente, en la gran mayoría de las cosas, estas cosas no
son ciertas. Así que, probablemente, si la historia es una guía,
mucho de lo que damos por sentado acerca del mundo, simplemente no es verdad.
Pero estamos encerrados en estos preceptos a menudo sin siquiera saberlo.
Eso es un paradigma. El materialismo moderno despoja a la gente
de la necesidad de sentirse responsable y con mucha frecuencia,
lo mismo hace la religión. Pero creo que si tomas la mecánica cuántica
con seriedad pone la responsabilidad de plano en tu regazo.
Y no da respuestas que son bien definidas y reconfortantes.
Dice sí, el mundo es un lugar grande. Es muy misterioso.
El mecanismo no es la respuesta, pero no te diré cuál es la respuesta,
porque tienes suficiente edad para decidir por ti mismo.
Cualquiera de las dos posibilidades tiene fallas evidentes si se plantean de manera tan ligera; no podemos, por cuestiones superficiales y obvias, pretender conocer todo lo que se ha pensado sobre un problema determinado –por más superficial que éste sea – si lo que se necesita es su solución inmediata, sería una empresa que excedería nuestras posibilidades en cuánto a tiempo y capacidad. Pero el abandono y el desconocimiento de lo que ha configurado un estado de las cuestiones que pretendemos abordar, por lo menos en el ámbito académico, constituye un descalabro que nos sitúa en una inocencia que, en mi opinión, corre el peligro de disfrazar la falta de rigor.
Este panorama nos pone también de frente a la necesidad de combinar diferentes aproximaciones metodológicas, cuerpos conceptuales diversos y diferentes posturas epistemológicas. Los problemas reales, las prácticas cotidianas, no pueden ser observadas, analizadas o consideradas sólo en función de su aspecto económico, psicológico, clínico, artístico… en esta medida, los Estudios Culturales, como propuesta, ofrecen la gran ventaja de la transdisciplinaridad, término que en primera instancia se nos aparece como la necesaria anagnórisis del conocimiento que se reconoce a sí mismo como atravesado por múltiples paradigmas de manera simultánea.
Tal razonamiento es claro, es natural y resulta obvio, en la medida en que la multiplicidad de lo que constituye el mundo es innegable. Lo que no resulta claro es la manera en que se combinan las herramientas de las diferentes disciplinas para llevar a cabo este tipo de consideración menos “limitada”.
El enfoque transdisciplinar cuestiona profundamente la forma en que el conocimiento se ha ido constituyendo a lo largo del pensamiento occidental, y cómo éste ha privilegiado el enfoque positivista de las ciencias, planteando nuevas formas de acercamiento a lo real que se desprenden de la rigidez del método científico y que hacen del conocimiento algo colectivo y no la propiedad exclusiva de la comunidad científica. Es decir, que no se producen verdades sino interpretaciones.
Que soy uno con el gran ser que me hizo y me trajo aquí y que formó las galaxias y los universos, etcétera... ¿cómo se eliminó eso de la religión? No fue difícil. La mayoría de los problemas que la religión y diversos movimientos filosóficos a través de los siglos, han producido han sido errores porque ahí es donde comienzan. Que Dios es un ser absolutamente separado de nosotros a quien debe ofrecerle adoración, a quien debo cultivar, complacer y esperar lograr de su parte una recompensa al final de mi vida. Eso no es lo que es Dios. Eso es una blasfemia.
Dios es una cosa tan amplia... algunas partes del mismo... la mayoría de las partes del mismo... que están asociadas con la religión organizada... es algo que me provoca un rechazo. Es algo que creo que causó mucho daño al mundo, que perjudicó a las mujeres... perjudicó a los pueblos oprimidos, causó daño al World Trade Center.
Y sin embargo, al mismo tiempo... tenemos el epítome de una gran ciencia. Lo más cercano que la ciencia ha logrado... explicar la interpretación de Jesús de que... la semilla de la mostaza era más grande que el reino de los cielos... y la única ciencia que puede ajustarse a esa analogia es la física cuántica.
Ahora tenemos de los imanes de la antigravedad... y campos magnéticos de energía de punto cero. Tenemos todo eso y todavía tenemos... este concepto feo, supersticioso, anticuado, de Dios.
Caer en el relativismo indiscriminado es uno de los riesgos a los que nos enfrentamos al pensar en transdisciplinaridad. La falta de estructura y la ligereza le siguen a la preocupación anterior, puesto que pueden presentarse si detrás del paso a la experiencia no existe una conciencia profunda del fenómeno y si los objetivos que con su análisis se persiguen no están claramente formulados. Este tipo de tropiezos pueden hacer que las nuevas lecturas se queden en el nivel de opiniones o discursos “nueva era” que carecen de herramientas de validación al formularse de manera poco efectiva.
El momento al que asistimos es el de la apertura conceptual, por supuesto; hay que reconocer los aciertos de cada una de las interpretaciones de la realidad que nos planteamos, es evidente, pero no podemos dejarnos deslumbrar por el nuevo traje del emperador. En algún momento, alguien notará la desnudez, eso es seguro.

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