Dulzura y luz (Matthew Arnold me rayó)

martes, noviembre 21, 2006

(Originalmente, un divertimento para Martirio)
Una defensa de la “alta cultura” en contra de la depredación de la modernidad / defensa de la cultura frente al materialismo científico Matthew Arnold, poeta y crítico inglés (1822- 1888), es conocido como uno de los grandes representantes del pensamiento victoriano. En Culture and Anarchy, el autor presenta una revisión minuciosa a las condiciones de su sociedad y la forma en que la cultura representa un ideal que, precisamente por dichas condiciones, se ve amenazado.En primer lugar, Arnold señala a la cultura como “sweetness and light” –término tomado de la obra de Johnatan Swift– en el sentido en que representa la búsqueda y el estudio de la perfección del alma humana; advierte, por otra parte, la necesidad de la mediación de la curiosidad como motivación de tal búsqueda y estudio. Tal definición de la cultura se opone para Arnold al concepto de anarquía.Dentro de la idea de cultura de Arnold, lo que debe prevalecer no es la pasión científica por el conocimiento sino la intención del buen obrar; de hecho, las dos facetas planteadas deberían ir juntas pero él siente que no se tiene el ánimo, la fe y el ardor espiritual para que esto se dé. Por otra parte, al entender la cultura como una condición espiritual, como un ideal al que el hombre debe aspirar, reconoce que la expansión de tal condición debe darse en el nivel general y que no es posible desde el aislamiento. En esta medida, la cultura no debe ser considerada como algo que permite aprender a hacer algo, o enseñar algo; no debe ser considerada como una herramienta que sirve para un fin práctico sino como un esfuerzo tendiente a hacer prevalecer la grandeza moral del ser humano. Es así como uno de los mayores peligros que enfrenta el alcance de tal ideal es la maquinización y mecanización de la sociedad que orilla al hombre hacia un fuerte individualismo.Por otra parte, habla Arnold de lo que él denomina la “fe en las maquinarias” en el sentido en que se confía en ellas (por ejemplo las instituciones, las creencias comunes, las categorías que señalan a condiciones deseables por los hombres y que se ajustan a un determinado modelo económico, político, social…) como si tuvieran un fin en sí mismas y no como lo que son (o deberían ser), esfuerzos a su vez, tendientes a servirnos en la tarea de la búsqueda de la perfección.Cuando Arnold señala a la moda como una maquinaria que moviliza ciertas delimitaciones que establecen unas “normas del gusto”, que posicionan ciertos estatus dentro de la sociedad inglesa, y que dictaminan en cierta medida las cosas valiosas y califican de esta forma a las personas que saben apreciarlas, ¿podría establecerse una relación con la crítica hecha por Leavis en cuanto a la falta de criterios en la catalogación de lo poético, que a su vez genera la ausencia de un público adecuado para la poesía? El autor abre luego una discusión sobre lo que se está refiriendo al utilizar el término “grandeza” e introduce su famosa categoría de filisteos que señala, en esta parte del texto, a aquellos para quienes la grandeza es equivalente a la riqueza siendo que, para Arnold, la grandeza constituye una condición espiritual que reúne “sweetness and light”.El término, tomado de la obra de Johnatan Swift, señala la conjunción de belleza e inteligencia (que en términos menos ideales sería forma y fondo) que conjugadas constituyen la perfección humana, es decir, lo que Arnold da en llamar cultura. Para Arnold esta conjunción se logra más efectivamente en la poesía, incluso por encima de lo que el considera el mayor esfuerzo humano por alcanzar la perfección, que sería la religión En este apartado, y a lo largo del texto en general, el autor hace especial énfasis en la necesidad de reconocer las maquinarias y apreciarlas en su justo valor como medios que deben servir para el alcance de la perfección. Además, el reconocimiento del justo valor de los hombre no en tanto que este sea medible por medio de las evidencias físicas de su progreso sino por su desarrollo en cuanto a la búsqueda de la perfección.En esta forma, sitúa al amante, o trabajador, estudioso, de la cultura, como alguien que debe estar por fuera de la maquinaria y del odio, de la confusión. Para Arnold, en la medida en que el hombre de cultura está movido por la curiosidad (que el autor define en la parte inicial de su escrito como el deseo de ver las cosas tal como son) su intención principal será hacer triunfar a la dulzura y la luz por encima de la confusión del mundo moderno.Así, la cultura no puede ser establecida como una obligación sino como una aspiración y una guía para que los hombres puedan usar sus ideas en el marco de la sociedad. Esta idea va más allá de las ideas de clases, pretende abarcar a todos los hombres.Pero hay que tener en cuenta que para Arnold todas estas operaciones se dan en el terreno de las ideas y que él no ve al hombre de la cultura participando directamente en las transformaciones sociales en el nivel de las acciones tangibles sino en el de las ideas. En la conclusión de su texto, Arnold se dedicará a hablarnos de la necesidad de un orden que se oponga a la anarquía por la cual siente que la sociedad de su época está siendo amenazada. Para vencer dicha anarquía es necesaria la presencia de líderes que, por lo menos en una primera instancia, cumplan con la función de controlar todo aquello que resulte amenazante para la conservación del equilibrio social que la búsqueda de la perfección y el prevalecimiento de la voluntad de Dios requieren.En cuanto a esto, Arnold habla de la tradición, de la difusión y permanencia de la cultura y la forma en que el Estado, como maquinaria, debe servir al desarrollo adecuado de las mismas. El autor habla de una cierta necesidad de revolución, pero es una dentro de la cual el apasionado por la cultura, el hombre de cultura, participa como pensador, y ése, sería su aporte válido; una de las citas que expresan esta perspectiva es la que el autor toma de Goethe: “To act is easy, to think is hard”Creo que una de las cosas problemáticas del texto de Arnold es que habla de una élite que definitivamente está por encima de las clases sociales, una suerte de “aristocracia del espíritu”… entonces, ¿qué es lo que cambia? Arnold está hablando de un llamado espiritual a la búsqueda de la perfección, pero queda claro que ese llamado no es escuchado por todos, y no queda muy claro si debiera.

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2 comentarios

  1. Caramba, este texto me llama la atención por muchas razones, y por ahora voy a nombrar sólo algunas. Otras quedarán, ojalá, para comentarios posteriores, o seguramente para referencias en futuros textos que colgaré en mis blogs.

    Lo primero, es que este Arnold, aparentemente emancipado del racionalismo triunfalista, se acerca bastante a ciertas definiciones actuales de cultura, que abarcan mucho más que el conocimiento racional y pragmático. El culto inglés al progreso, muy relacionado con la metáfora de la máquina, llegó para él (y para nosotros, hoy en día) demasiado lejos, volviénsose algo tremendamente alienante.

    Otra cosa, es su uso un poco ingenuo de la palabra anarquía. Curiosamente, ciertos filósofos actuales de tendencia claramente anarquista, como Paul K. Feyerabend, tienen a John Stuart Mill, un racionalista inglés paradigmático, como uno de sus autores mas citados. Pero cuando Arnold piensa en anarquía no está pensando en ausencia de gobierno, sino en ausencia de orden, o incluso en ausencia de cultura: en barbarie. Sus argumentos no están en contra del anarquismo, aunque tal vez sí lo estén en contra de ese anarquismo individualista tan afín al neoliberalismo, que establece la propiedad privada como el principio supremo.

    Una más, es que su idea de la aspiración a la perfección es precisamente una de las mil caras de la idea de progreso, de esa idea, base de la modernidad, en la que siempre puede decirse si una circunstancia es mejor que otra, y hay una que es la mejor de todas. De modo que Arnold realmente no se aparta demasiado de la tradición moderna occidental, sino que simplemente previene contra el predominio exagerado de la razón práctica.

    Vaya, pude ser bastante sucinto, por el momento. Dejémoslo por ahora en tres puntos.

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  2. No se si el señor Stavrogin leyó tu post sobre Arnold, o si ha leído al propio Arnold o sus simpatizantes, pero parece ser que en su último post se ocupa un poco de la propuesta de estos inglesillos.

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