De este mundo prostituto y vano...
martes, enero 03, 2017Ayer, 2 de enero de 2017, a las 6:15 de la tarde, me fumé el que espero sea mi último cigarrillo. El año pasado fue un año de muchos cambios, de pérdidas, de decisiones difíciles y en todas ellas tuve un cigarrillo entre mis dedos.
Fumé por primera vez a los 14 años, es decir desde hace 20, y no sé si puedan comprenderlo, pero me despido de uno de mis más leales y fieles compañeros. El sabor del cigarrillo en mi boca, el olor del cigarrillo en mi ropa, la sensación de tener entre mis manos un cigarrillo y aspirar lenta y profundamente, hasta sentir el humo en lo profundo de mis pulmones siempre ha sido una de las más placenteras que he experimentado. Nadie sabe cuánto y de qué manera disfruto fumar.
No puedo describir el alivio profundo que fumarme un cigarrillo en medio del llanto me ha causado. No puedo describir la sensación de compañía que prender un cigarrillo a oscuras en la ventana de la cocina me ha proporcionado.
No puedo imaginarme un final más perfecto para cualquier escena.
Un cigarrillo. Mil cigarrillos.
Que «de este mundo prostituto y vano solo quise un cigarro entre mi mano», como dijo Rubem Fonseca.
Ayer, 2 de enero de 2017, a las 6:15 de la tarde, fumé en paz, con amor, con nostalgia de todo lo que fui y ya no puedo seguir siendo, de todo lo que ya no está y todo lo que nunca fue.
Fumé en silencio, sola, como siempre preferí hacerlo, profundamente, con devoción.
Y dije adiós.
No planeo volver a fumar, pero dudo mucho que algún día deje de ser una fumadora.
Así las cosas.

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