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martes, septiembre 01, 2015Hoy mi hijo cumple 14 años y, como cada uno de ellos, necesito un momento para escribir aquí lo importante que es para mí el acontecimiento de su vida. Acontecimiento, claro, para él, pero sobre todo, acontecimiento profundo de sentido para mí.
Llevo casi la mitad de mi vida siendo la mamá de Jacko y claro, ser madre no me hace mejor persona que nadie, pero ser precisamente la mamá de esta persona en particular ha hecho de mi vida algo tremendamente afortunado.
Hace nada me pedía, cuando caminábamos por la calle, que fuera más despacio porque "Má, recuerda que mis piernas son más cortas". Ahora difícilmente le sigo el paso.
Él es otro, totalmente, otro que es absolutamente independiente de mí y que ha hecho, con lo poco que le he dado, un reino completo, un mundo propio.
Dentro de poco, presiento, que de ese mundo complejo y magnífico voy a recibir postales porque en la medida en que crece y se hace más lejano, recuerdo que ahora mis piernas son las más cortas.
No hay nada que pueda remplazar lo honrada que me siento de haber presenciado esa infancia que pasó de prisa, sin esperarme, sin dejarme tomar aire.
El cachorro humano que un día tuve la suerte de traer a este mundo cada vez más rápido se ha hecho un hombre. La niña chiquita que vive en mi corazón lo ama con todas sus fuerzas.

1 comentarios
Y bueno, te gustará recibir sus postales. Yo es una de las cosas que siempre procuro hacer: mandar postales a mis padres con mi viajes, soy un clásico.
ResponderBorrarVerifique la conexión cerebro-teclado.