Diomedes Díaz, ese muchacho
lunes, diciembre 23, 2013
La noticia de fin de año en Colombia sin duda alguna es la
muerte del cantautor vallenato Diomedes Díaz, quien incuestionablemente es uno
de los máximos exponentes del género no sólo por su carrera musical de más de
30 años sino por la manera en que sus composiciones hacen parte imprescindible
de la identidad cultural de varias generaciones de colombianos que se
identifican con las historias de amor, superación, parranda, injusticia social,
con la descripción de los paisajes sabaneros, la magia vallenata de sus
canciones. Difícilmente puede
encontrarse un colombiano que aún a pesar de sí mismo no cuente con una canción
de Diomedes Díaz en su banda sonora personal; nuestro país tan católico y
devoto, celebró a Diomedes el 26 de mayo y el 16 de julio por igual porque la
devoción a la Virgen del Carmen era inseparable de su figura. La advocación de
la Virgen del Carmen, según la tradición católica, liberará del purgatorio a
las almas que le sean devotas y socorrerá a las almas expuestas a peligros
graves; no es sorpresa, debido a sus anteriores potestades, que sea la patrona de las Fuerzas Armadas de
Colombia, la Policía Nacional, el Cuerpo de Bomberos y el gremio del
transporte.
Sobre la fascinante historia del talento temprano, el don de
gentes, la superación de la adversidad del niño de Carrizal que vendía fritos a
la entrada de la escuela y llegará a convertirse en una de las más grandes
estrellas de la música nacional, puede uno hacerse una idea en la crónica de
Alberto Salcedo Ramos “La
eterna parranda de Diomedes Díaz”, publicada originalmente en la revista
SoHo hace casi tres años.
La historia de
superación, gloria y decadencia, cuenta con todos los elementos para generar
admiración y repulsión sobre su figura; desenfadado y polémico hasta en el
llanto de sus seguidores, Diomedes Díaz impacta con su muerte a todo un país que lo recuerda, o debería
recordarlo en toda su dimensión pues más que un héroe, constituye una
radiografía de nuestra idiosincrasia.
Por todo lo anterior, no deja de llamar la atención la
polémica generada en las redes sociales por los comentarios que lamentan la
muerte del músico sin dejar de recordar sus cuentas pendientes con la ley,
debido a su presunta participación en la muerte de su fanática Doris Adriana
Niño, crimen por el que pagó 32 meses de cárcel para salir en libertad
condicional luego de haber pagado una multimillonaria indemnización a la familia de la víctima; y también por la
relación que sostuvo con el paramilitarismo, pues entre otras cosas, fueron
miembros del bloque norte de las AUC quienes de hecho lo protegieron cuando
estaba fugitivo. Lo interesante de esta
polémica es que ha generado un sinnúmero de comentarios que piden respeto por
la memoria del artista como si honrar la memoria de alguien tuviera que ver con
mentir sobre su vida.
Por otra parte, se han desatado infinidad de comparaciones
con otros artistas cuya vida también abundó en hechos polémicos para generar argumentos a favor de silenciar tales
acontecimientos del recuerdo de Diomedes Díaz. Desde Sid Vicious y Michael
Jackson, hasta Pambelé, han servido para construir consideraciones del tipo:
“Pero si todos sus ídolos son drogadictos entonces no hay por qué juzgar a
Diomedes”, “su música lo redime de todas sus faltas” o, el más complicado que
leí, “a Doris Adriana la lloró su familia porque no era nadie, en cambio Diomedes es un ídolo de
multitudes”; sobra decir que ni la apelación al ejemplo ni a la multitud hacen
menos graves las faltas de la persona de Diomedes Díaz quien además de un gran
músico fue una figura pública.
Adicionalmente, otros han opinado que se debe considerar a
la obra independientemente de al artista. Resulta muy difícil no estar de
acuerdo con esta premisa, pero también es complicado pedir que esto se logre de
manera clara con una figura que incorporó tanto de su propia vida en su
producción musical. Aún cuando se realice esta separación, en todo caso, el
artista y no la obra es quien muere y no
resulta del todo claro por qué no puede recordársele en todas sus dimensiones,
sin ser idealizado. Me llama la atención
algo dicho por Catalina
Ruíz-Navarro en su cuenta de Twitter: “No se pueden trasladar los juicios
morales sobre la persona a la obra. no se pueden trasladar los juicios
estéticos sobre la obra a la persona”, pues aunque estoy de acuerdo con la
premisa en términos generales —que igual podría generar una discusión más amplia—,
creo que el problema sobre la polémica acerca de la manera en que se recordará a
Diomedes Díaz no tiene que ver con
moralizar la obra sino en no convertir a la obra en una defensa de las acciones
de la persona; es decir, creo que tal vez en esa idea que muchos comparten con
Ruíz-Navarro, haya que replantearse si para este caso no se estaría retornando
a la idea del arte como redención. Cabe
preguntarse también si en ese sentido hay lugar a la ofensa frente a
consideraciones como la de Claudia
López cuando afirmaba sobre Diomedes Díaz:” Disfrutaré siempre su música,
pero Diomedes Díaz perdió mi corazón hace años. Paz en su tumba y abrazo a su
familia y seguidores”, “como músico fue
uno de los grandes. como hombre uno de los más pequeños: abusador de mujeres,
drogas y poder, cómplice de paramilitares”.
No tengo la respuesta frente a lo anterior pero creo que la
inquietud es valiosa en la medida en que nos lleve a reconsiderar supuestos
como el de que no hay muerto malo y a contemplar que si bien la obra de arte
puede considerarse liberada de consideraciones morales, si insistimos en la
idea de la separación artista-obra, ésta
última no puede convertirse en cortina de humo ni en justificación de las
acciones personales de su creador. O tal vez esa división no es tan fácil y
milimétrica y también debe estarse repensando constantemente.
Sin embargo, si nos mantenemos fieles a la idea de que obra
y artista son autónomos, podríamos encontrar apoyo precisamente en una de las
canciones compuestas por el ídolo fallecido, mi canción preferida de El Cacique de la Junta, “Mi muchacho”:
Por eso Rafael Santos yo quiero
dejarte dicho en esta canción
que si te inspira ser zapatero
sólo quiero que seas el mejor
por que de nada sirve el doctor
si es el ejemplo malo del pueblo
Y el ejemplo mío es mi viejo
y el ejemplo tuyo yo soy.
dejarte dicho en esta canción
que si te inspira ser zapatero
sólo quiero que seas el mejor
por que de nada sirve el doctor
si es el ejemplo malo del pueblo
Y el ejemplo mío es mi viejo
y el ejemplo tuyo yo soy.

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