Todo está bien

jueves, febrero 07, 2013

Todo está bien, mejor que nunca. Cada cosa en su lugar y cada lugar lleno de sus cosas propias. Todo, meticulosamente ordenado por orden alfabético y cronológico. Ayer ordené mi escritorio. Hoy me llevo dos semanas de trabajo que adelantaré en dos horas porque nadie sabe lo que puede un cuerpo y por dios santo que nadie sabe lo que puede el mío cuando lo obligo. Nadie le tiene confianza a mi cuerpo pero yo sí. Sé que si lo privo de una que otra cosa, será como el árbol.
Me despierto en las mañanas con el sueño acumulado de tres vidas de vigilia y me ordeno, sin derecho a réplica, levantarme. Abandono la fantasía en la que me sumerjo cada noche, esa forma que pienso para conciliar el sueño y que abandono una vez abro los ojos, y dejo así que toda la dulzura de lo imposible se meta en esa caja de la que guardo la llave bajo mi lengua.
Como necesito tener control, todos sabemos que el control siempre ha sido uno de  mis problemas, me uno a la máquina. Siempre odié la idea del ejercicio. Es decir, la admiré en otros, pero me sentí muy poca cosa para imponérmela a mí. Y lo soy. Débil. Y mi esfuerzo es ridículo, insignificante. Igual lo hago. Los caracoles sabemos lo largo que puede ser un metro.
Luego viene el agua. El agua. El agua puede ser la mejor parte de mi día. Siento el agua, me dejo ser por ella. Y se va, y veo con nostalgia cómo con su huida se lleva los sueños que me costó tanto trabajo retener. Nunca me levanto sin antes pensar en eso, sin hacer un recuento mental de todo lo que vi en la noche. Algunos lo llamarán cursilería, yo lo considero higiene.
Cuatro pastillas. Ser quien cuida. Cocinar. Disponer. Amar. Todo listo, todo en su sitio, todo bien. Bajo los cinco pisos y corro, siempre corro. Me gusta el frío de la mañana, me hace sentir más alta, no me pregunten por qué. Siempre he querido ser más alta.
Espero. Todas las mañanas de mi vida espero. Saludo. Hago comentarios amables y graciosos, comento la noticia del día y aunque de verdad pongo todo mi empeño en que todas juntas, todas las Ángela, estemos presentes, hay un par que siguen ancladas en el sueño o la fantasía o que piensan en todo lo que no ha pasado y ya nunca pasará.
Todo está bien. Todo está mejor que nunca. Un café. Otra pastilla. Veo las palabras, quiero tocarlas, intento pesarlas y medirlas, las siento salir de mi boca y no sé, no sé, y no sé si me importa, si llegan o no. El monstruo de veinte cabezas que tengo al frente asiente, se apasiona o simplemente me ignora. Yo dejo que a través de mí pasen las cosas. Tengo un afán enorme de mostrarles esto que amo y por qué es amable. Luego, generalmente, me aburro. Salgo. Fumo. Entro. Una vez más hablo. Salgo. Fumo. Entro. Como. Salgo. Fumo. Entro. Falta poco.
Voy cambiando, siento como cada gramo se desplaza. Siento cada órgano vivir en mí. Me pregunto si este cuerpo tendrá idea de mí. Si de verdad es yo.
Corro nuevamente. Quiero estar en la cama, viendo palabras, en la cocina, viendo palabras, en el piso de la sala, viendo palabras. La vida es otra. Y está bien. T o d o e s p e r f e c t o .
Nunca he querido ser optimista pero necesitamos establecer una cierta calma interior para que esto funcione, para que este régimen de bienestar que me estoy imponiendo permanezca estable. Pienso miles de cosas y creo que siento miles de cosas pero la idea es que vamos a comprar un silenciador y nos vamos a concentrar en lo que es importante.
Luego el silencio. El aire. Eso es lo que quiero. No nada. Quietud.

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1 comentarios

  1. Hola compañera bloguera. descubrí esta entrada y tu blog porque escribí en el mío de tema similar. Me identifiqué mucho con esa batalla cotidiana contra el caos del mundo que describes. Me sonó un poco como algunas enseñanzas orientales: no hacer para hacer, volverte uno con el mundo, convertirte en uno con tu enemigo para que no pueda hacerte daño. En fin, que te seguiré leyendo, gracias.

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