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domingo, agosto 26, 2012

Yo voy a vivir mucho tiempo.

Mi vida es una escalera larga, larguísima y hoy sólo he llegado al peldaño 30. Sueña a cliché y no me extraña, porque lo es.

El punto es que como dijo Eugenio Montale, en ese poema que encontré a los 15 años en un libro en la Luis Ángel Arango, ya no me atañen ni las mentiras ni los bochornos de los que creen que la realidad es lo que se ve.

Yo voy a vivir mucho porque en cada peldaño me dan la mano unas pupilas más ciertas que las mías.

Recurro al cliché de nuevo y digo, no lo merezco. El amor, la amistad, el cariño, el tiempo. Tal vez ustedes, los que me quieren y tal vez nunca lean esto, no sepan que me siento como alguien que se encuentra un tesoro en la calle, siempre con el miedo de que su dueño lo reclame.

No sé explicar la magia por la cual yo, precisamente yo, recibo todas estas cosas bellas.

Voy a vivir muchísimos años porque tengo mucho amor que corresponder.

Mi tarea es larga y mis piernas son cortas.

No tengo miedo ni culpa.

Me imagino el pelo blanco que jamás tendré, esa vejez sin símbolo desde la cual miraré hacia este momento y diré a quienes escuchen mis desvaríos seniles lo afortunada, lo amada que fui.


Las manos de las que bajé y subí los millones de escaleras. Las que soñé hace 15 años.

He bajado, dándote el brazo, un millón al menos de escaleras
y ahora que no estás hay el vacío en cada escalón.
Hasta en esto ha sido corto nuestro largo viaje.
El mío dura todavía, y ya no me atañen
los enlaces, las reservas,
las mentiras, los bochornos de quien cree
que la realidad es la que se ve. 
He bajado millones de escaleras dándote el brazo
y no porque con cuatro ojos quizás se vea más.
Contigo las he bajado porque sabía que de los dos
las únicas pupilas verdaderas, aunque tan apagadas,
eran las tuyas. 
             —Eugenio Montale 




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