Porque siempre me estoy yendo...

lunes, junio 30, 2008

Bueno, para mí es fin de año. Fin de año implica para mí estar sola un rato, antes de viajar. Las vacaciones se extienden ante mí como un lago enorme que en la orilla tiene una casa. Para llegar hasta ella tengo que atravesar el puente, literalmente, porque me pagan hasta el martes.
Como siempre, tiene uno el maldito vicio de mirar lo que se hizo. El problema es que realmente, se hicieron muchas cosas pero la sensación de estar en el mismo lugar persiste.
Estoy a pocos pasos de mi nueva vida y no hay nada que desee más. A veces tengo miedo. Me aterra pensar que yo no esté a la altura de este nuevo rol, que no de la talla. Me aterra pensar que en diez años "me mires" y decidas que te cansate. No creo que pase, porque no creo que yo me vaya a cansar.
¿Qué hice? lo de siempre, trabajar, hacer lo que tenía que hacer, intentar ser buena en eso. Ahora espero el pago. Sobra decir que un fin de semana largo, como éste, es muy aburrido cuando uno está esperando que el tiempo pase rápido.
En este momento de mi vida, más que nunca, necesito cambiar de espacio, irme a "mi casa". "Mi casa" viene a mí dentro de poco y tal vez esta sea la última vez que tengo que viajar.
Sé que a veces la gente puede preguntarse si de verdad vale la pena. La respuesta es sí. No he encontrado mayor felicidad en otra cosa nunca y dudo que hubiera podido encontrarla de otro modo.
Soy feliz. Esta nueva vida es para mí lo único que hace que todas las mañanas tengan sentido.
Espero. Esa soy yo ahora: la que espera con ilusión.
Pero volvamos al inicio. Hace unos días estaba sentada por quinta vez en tres años en mi trabajo ocasional como correctora de estilo en la misma agencia de siempre. No había notado que yo soy una perona que se queda aún cuando se va. Fue lindo. Me fui como llegué: sin pena ni gloria. Llegué a trabajar, a corregir contenidos, a hacer control de calidad; y a pesar de que muchas cosas cambiaron en cuanto al desarrollo de los procesos, cuando entré me senté en mi escritorio de siempre, con el computador de siempre y remplacé a mi amiga de siempre. En los años que llevo "freelanceando" para ellos, he visto irse a mucha gente, desde soldados rasos hasta grandes jefes. Lo que me preguntaba es qué es lo que me convierte en una de esas personas que siempre vuelven, que nunca terminan de irse.
Ese era un ejemplo de una tendencia constante de mi vida: yo soy la típica persona que sigue hablando con gente de su primer empleo, que visita su antiguo barrio, que extraña a esos amigos con los que se peleó y pregunta por ellos... A veces es inconsciente... yo dejo un saco, un esfero, una sombrilla, algo, lo que sea, cada vez que visito a alguien... siento que me da tanto miedo que mi presencia desaparezca, volverme invisible... y también creo que como siempre vy de un lado al otro necesito quedarme de a poquitos en algún lado. O de pronto tengo algún trauma de colonizador.
Pero como decía al inicio, para mí es importante estar en "mi casa"... la que no tengo, la que tengo cada vez que viajo, la que voy a tener en unos meses, la que será mía de verdad... y me gusta pensar que todos esos trozos de mí que he dejado en tantos espacios se juntarán, que se levantarán de cada uno de esos lugares y por fin terminaré de irme y llegaré a donde siempre he querido estar. Los zapatos rojos están dando el último golpe de tacón.

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