Vargas Llosa: la civilización y los perros

jueves, mayo 02, 2013



[Texto publicado originalmente en la Revista Diners el 24 de enero de 2013 http://www.revistadiners.com.co/articuloespecial.php?ide=26&id=260 ]


El cincuentenario de la publicación de La ciudad y los perros (1963), primera novela del autor y ganadora del premio Biblioteca Breve en 1962, conmemora la aparición de una obra que no sólo por su crudo retrato de la sociedad peruana de la época, sino por su profunda innovación de la técnica narrativa de la novela latinoamericana, abrió el camino para los autores del boom y puso a nuestras letras en el mapa de la literatura universal. Vargas Llosa, polémico siempre por sus fuertes ideas políticas y su reflexión constante sobre la literatura como una forma de testimonio de la realidad, puso de manifiesto en su primera novela las desigualdades e incoherencias de la sociedad limeña de su juventud, a la vez que su profunda aversión hacia el totalitarismo y la brutalidad antidemocrática; los estudiantes imaginados del Colegio Militar Leoncio Prado —al que en efecto asiste Vargas Llosa durante dos años en su adolescencia—se funden con las memorias del autor, generando una historia en la que la cronología de la novela tradicional y la unidad narrativa desaparecen para retratar de forma cruda los efectos de la disciplina, la represión, la violencia, el erotismo y la corrupción, en la vida de los personajes. Rodeada de misterios, es una obra que escapa a su propio autor gracias precisamente a la ruptura de las formas convencionales de relatar, por lo que La ciudad y los perros representó la necesidad de un nuevo tipo de lector —como señala Carlos Garayar en la edición conmemorativa de la obra hecha por la Real Academia Española— al que, parafraseando, la novela no le pasa por el frente como un río.
Ante este panorama, los espectadores tendrán la oportunidad de escuchar las reflexiones del autor, quien escribe en sus Cartas a un joven novelista que “la intranquilidad frente al mundo real que la buena literatura alienta puede en circunstancias determinadas, traducirse también en una actitud de rebeldía frente a la autoridad, las instituciones o las creencias establecidas”. Para Vargas Llosa, como dijera al recibir el Premio Rómulo Gallegos en 1967, la literatura es fuego, es polémica, es reacción pero, por supuesto, también es libertad estética.
La historia personal de Vargas Llosa comprende su nacimiento de padres separados en Arequipaen 1936, la conflictiva relación con su padre, los inverosímiles trabajos que tuvo paralelamente a sus estudios —se encargó de revisar los nombres de las tumbas en un tiempo—, la escasez de su vida estudiantil en Europa, su compromiso y distanciamiento de la revolución, sus disputas con escritores como García Márquez y el prominente rol que ha desempeñado en la vida pública delPerú y contiene material suficiente para varios relatos fascinantes. Sin embargo, lo más importante es que su voz como autor y como figura pública da cuenta de una valiosa y necesaria reflexión sobre los problemas de la cultura latinoamericana de los cuales su obra se ha nutrido y ante los que se enfrenta. Por tales razones, resulta tan pertinente que la celebración del cincuentenario de la que tal vez sea su obra más popular, se combine con la discusión acerca de su último libro de ensayo, La civilización del espectáculo.
Resulta difícil dejar de preguntarse cómo una obra con las características de la celebrada novela deVargas Llosa podría ser recibida por los lectores de nuestro tiempo y qué tanto dejamos que el río simplemente pase frente a nuestros ojos, qué tanto podemos como lectores valorar su complejidad narrativa. En La civilización del espectáculo el autor advierte sobre la generalización de la banalidad y la predominancia del entretenimiento sobre la cultura; en cuanto a la literatura, señala cómo el motor principal de la creación ya no es la innovación estética, ni proponer una interpretación de la realidad y la edificación de una visión alternativa de la misma, sino el ánimo de divertir y entretener al lector, lo que pone al personaje de farándula por encima de los ya casi extintos intelectuales. En sus propias palabras: “En la civilización del espectáculo el cómico es el rey”.
De este modo, la participación de Mario Vargas Llosa en el Hay Festival no sólo resulta de gran importancia debido a la memoria que genera sino a la reflexión a la que nos invita como lectores y espectadores. Desde la democratización de la cultura como aspecto problemático hasta la irresponsabilidad periodística, Vargas Llosa expondrá sus reflexiones sobre el espíritu frívolo de nuestro tiempo. Uno de los escritores vivos más importantes de la literatura latinoamericana y sin lugar a dudas, una oportunidad única dentro del marco del festival.



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