Salto
domingo, abril 15, 2012Así se siente al abrir los ojos.
Todo está envuelto en esa gasa suave del sueño y la memoria y cada vez más la visión se hace borrosa.
Los sentidos embotados por un olor que ya no está y una calidez que no se sabe si fue por desearla o se desea porque fue.
Hacen falta cosas. Incluso cuando se intenta recordar un salto, una ruptura.
Incluso en un agujero negro, en una brecha.
Está la incomunicabilidad de la experiencia.
Y cómo no es posible volver a hacer presente nunca nada.
Es más una cuestión de intensidad y esa fuerza jamás tendrá nada que ver con lo que podríamos asumir como cierto.
Lo que en verdad pasó en el sueño o en el cuerpo no tiene nada que ver con lo que recordamos pues el recuerdo siempre será una migaja.
La absoluta tangibilidad de la ausencia.
Y siempre habrá cosas que se definen por el agujero que dejaron, por la fisura que nos apresuramos a reparar, por esa cualidad suya de nunca haber sucedido.
La dulce y trágica belleza de no poder recuperar el instante.
Los dedos paseándose de la clavícula al codo.
El genuino deseo y la sincera voluntad de dejarse ver por completo si no hubiera que despertar pronto.
Saber que se ha ido para siempre y que nunca se juntarán en la cabeza los mismos fragmentos en el mismo orden a la misma hora en la misma cama con el mismo olor.
El apremio de retenerlo e intentar evocarlo aun cuando se sabe, con plena confianza, que con cada intento de sentir de nuevo, con cada paseo nuevo de los labios sobre el vacío que dejaron los besos imaginados, la presencia se evapora.
Y seguir.
Y saber que la lluvia es lo único que dura para siempre.


2 comentarios
me acabas de matar con este post
ResponderBorrarya somos dos muertos!
ResponderBorrarVerifique la conexión cerebro-teclado.