Hay que seguir el camino amarillo
jueves, agosto 12, 2010
Un gato rojo sobre la mesa del café, que convenientemente es escritorio, comedor y vitrina. De todas las mañanas del mundo, ésta. Un gato rojo y zapatos rojos que chocar sin parar hasta que todos los deseos se cumplan y cuando eso pase seguir chocando sus gastados tacos. Hay que seguir el camino amarillo y caminar, sin detenerse. Han sido años, han sido siglos de dejar a las telarañas cubrirlo todo. Todos nos hemos sentado a esperar, muchas veces mientras llueve.
Hay que seguir el camino amarillo y caminar, sin detenerse. Si al fin y al cabo no importa que la mano que se tienda para acompañarnos sea la de una descorazonada, descerebrada o cobarde criatura... que en eso que falta es donde se anida la soledad. Y si tienes un gran corazón morirás más rápido. Y si tu cerebro crece caerás en coma. Y luchar sin miedo es tan ridículo e inútil como cubrirse de la lluvia con un colador.
Si hay algo cierto es que cuando tu estómago se digiere así mismo no vuelves a ser el mismo. Y a veces hay que enrollarse y desenrrollarse los intestinos y sentir el trago de bilis en la garganta. Luego ponerse guapo. Mirar bajo el ala del sombrero y entender. Seguir el camino amarillo y caminar sin detenerse hasta que las zapatillas rojas se deshagan en los pies ensangrentados. Caer de rodillas sobre el propio carmín y llevar los labios a ese fango propio y celebrarse.
Una vida sin zapatos rojos no es digna de vivirse.

2 comentarios
mmm.. i think you are not in Kansas anymore.. ;)
ResponderBorrarNo concibo el universo sin los pequeños objetos totémicos, zapaticos rojos que asombran los ojos de la niña y sus antojos.
ResponderBorrarFelicidades.
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Verifique la conexión cerebro-teclado.