Cosas que se pierden con el tiempo

sábado, febrero 20, 2010



Es sorprendente ver cómo los límites de la juventud se extienden, cómo se puede llevar la adolescencia más allá de los 30 años. Cuando mi nona tenía 14 años no tenía ni idea de lo que era exactamente el sexo, nuca había salido de su casa sola ni siquiera a la misa dominical y aún así, llevaba siete años de experiencia como cocinera para los obreros de la finca. Cuando mi nono se la robó de la casa, a esa edad, para hacerla su mujer, ella no estaba preparada en absoluto para ser una mujer, pero tenía todo para ser una genial ama de casa. Ya había ella conocido la crueldad y había sido víctima de la violencia al ver como la gente del otro partido político torturaba a su padre y sin embargo, no conocía la ciudad. Había dejado la escuela hacía más de 5 años. Nunca volvió. Ella es para mí un caso de paso inmediato de la niñez a la adultez, sin adolescencia, pero también sin juventud más allá de la cronológica. Nunca le pregunté si había sufrido de depresión adolescente, si sus padres la dejaban ir a fiestas o si había tenido más novios antes de mi nono; todas esas preguntas resultaban ridículas y seguramente habrían sido un irrespeto.

Mis padres fueron jóvenes, pero su adolescencia no duró tanto como la mía, la de mi hermano, la de mis alumnos hoy en día. Cada vez somos jóvenes por más tiempo, nos guste o no, y a la vez que podemos extender pasatiempos y actitudes frente al mundo durante más tiempo, es cierto que los complejos, irresponsabilidades y prejuicios de la adolescencia nos acompañan durante un trecho más largo. No sólo se trata de que la edad sea un criterio insuficiente para decir de alguien que es, en efecto joven, sino que existe una tendencia cada vez más grande a aferrarse a esos “años maravillosos” de belleza y egocentrismo.

Tener más de 25 años, hijos, ser profesionales o unos vagos, ser casados o solteros, no nos convierte necesariamente en adultos. Que tengamos más responsabilidades no implica que seamos maduros. Tampoco quiere decir que dejemos de extrañar o nos alegremos de haber dejado atrás esas cosas que se pierden con el tiempo: la capacidad de trasnochar durante varios días seguidos, de beber desaforadamente, de meternos con la persona equivocada, de ser la persona equivocada. Los chismes, los enredos, las peleas, las envidias, los planes y las sucias artimañas, los viajes, la falta de dinero, las formas estúpidas de arriesgar la vida sin que importe un carajo.

Lo que sí es cierto es que tener conciencia de estar creciendo y de irse yendo de algunos sitios es un paso que no siempre es grato. Si pensamos la adultez como el momento en el que el hombre es capaz de pensar por sí mismo, probablemente ninguna de las personas que yo conozco, incluyéndome, ha alcanzado tal estadio. En primer lugar porque la opinión de los demás continúa siendo a lo largo de toda nuestra vida, por más que lo neguemos, la medida de nuestro éxito. Más que ser una generación, somos un grupo objetivo, un grupo de consumidores.

De esta forma, todo reencuentro con el pasado termina por convertirse en un concurso, en una exhibición de abalorios que distraen la vista de los otros de las personas que en realidad somos. Obviamente gana el más cubierto de ornamentos. La pregunta “¿cómo estás?” es remplazada por “¿cuánto ganas?” y a veces puede parecer que la fachada de la casa de enfrente siempre está mejor pintada. Sin embargo, lo verdaderamente fascinante es descubrir quiénes se encuentran realmente detrás de todas aquellas aventuras de adolescencia y juventud temprana que nos atrevimos alguna vez a llamar amigos y quiénes somos nosotros.

Como sea que se piense, en todo caso, el asunto se reduce a que más que una generación somos un grupo de consumidores. Tal vez sea esa la razón por la cual se emiten los juicios sobre los viejos conocidos, se quiere poseer todo y que los demás posean, no lo mismo, pero por lo menos productos del mismo rango. De todas esas cosas que se pierden con el tiempo tal vez lo que más se pueda echar en falta sea esa ingenua concepción de la amistad; pero lo que se gana, la capacidad de discernir, de purificar, de ver la verdadera cara, vale la pena tal pérdida. Y esa capacidad no tiene una fecha de caducidad tan pronta.

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7 comentarios

  1. La fachada de mi casa no es la màs hermosa ni glamorosa , pero si logras transpasar la puerta , asì me descubriras a cara lavada y por esa razòn mis amigos son ... uno ... y lo recibo como un regalo añejo irremplazable .
    Para tener muchos amigos deberia; intuyo mudarme de lugar , caminar sin sombra , y guardar mi alma en ese alhajero de peltre que recibì como herencia familiar.

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  2. Cuando deje de caminar descalzo,
    ahora que uso camisilla bajo la camisa, ahora que parezco mas ecuánime, menos indolente....mas aburrido en una palabra: en el fondo no hago mas que llorar la lejanía del niño que fui y trato de reconstruirlo sin mayor virtud.
    Ahora bajo el ala de mi cachucha procuro que nadie pille mi travesura que solo me daña a mí, aunque el dedo del juicio apeste a sociedad de buen nombre.

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  3. La adolescencia es una etapa en la que buscamos nuestra identidad. Cuando se sale de la adolescencia es porque uno sabe quién es, o quien va a ser, o quien tiene que ser.

    La nuestra es una generación de seres que no han logrado encontrarse a sí mismos.

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  4. Creo que las palabras adolescencia y adultez son sólo etiquetas pendejas que la humanidad utiliza para frustrar a los jóvenes y para hacer sentir importantes a los viejos. Lo que existe realmente es gente que aprende de sus errores y, por ende, madura; y gente que no aprende ni a palo y sólo quieren respirar a costa del esfuerzo de los demás.

    Y es esa gente que no aprende los que se deja llevar por el consumismo y que no conocen mas felicidad fuera de la alegría pasajera de tener algo de moda o de ganarse algunos pesos cada quincena.

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  5. LA adolescencia es un invento del capitalismo


    buen blog

    :)

    besos

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  6. Acá llegué a raiz de que su chapa suena para mincultura. Felicitaciones y cuente con mi respaldo. Le comparto que a los 24 creí que me estaba volviendo adulto, pero en realidad lo que empezaba era mi segunda adolescencia. Ahora a los 36 y mi chino recien nacido dentro pa la tercera; es que uno cree que crece pero lo que se va es volviendo un cucho. Me gustó esta entrada, y le seguiré la pista. Felicidades por el nombramiento cuente con mi respaldo, y por favir, de por Dios no posea, futura ministra no posea, simplemente tenga.

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  7. Muy buen post, y los comentarios que acudieron a la protesta, se hicieron ejemplos de tu sinopsis. Te has ganado otro seguidor.

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