Desvarío: pensando en John Cheever
viernes, noviembre 21, 2008Me pasa muy seguido que me levanto con ganas de escribir, como si tuviera una cosa atorada y fuera necesario vomitarla para descansar, para poder respirar de nuevo. Luego abro mi garaganta con un cuchillo frente al espejo y me doy cuenta de que no había nada. Que la cosa importantísima que tenía que decir no existe. Que la tal sensación de necesidad de escritura era una ilusión más, la imagen de una frustración.
A veces simplemente, el problema es que uno no tiene nada qué decir.
Estoy leyendo "Días aún más extraños" de Ray Loriga. La gente que conozco no confía mucho en él y sin embargo, le entregaría todos mis ahorros (si los tuviera), para que escriba, mande matar a su suegra, para que se los fume, para que se los coma en churros o en cucas: Ray Loriga ha sido un susurro en mi cabeza desde hace más de diez años. No lo puedo callar porque no me apetece dispararme en la sien, así que mejor lo incluyo en mi lista de autores preferidos.
Hoy estaba leyendo el fragmento del libro que se llama "Los libros quemados" y encontré una de esas cosas por las que me digo que definitivamente sería bueno poder tener una idea metida dentro de la cabeza de vez en cuando, de esas que me hacen decir "ojalá yo lo hubiera escrito" y "¡oh! jamás podría escribirlo así (que resulta ser la única manera de escribirlo)": "La gente escribe, cualquiera, todos, yo mismo. ¿Para qué? No está claro. Para corregir un error, para rectificar un dato, para ganar altura, dinero, prestigio, para birlarle una novia a una manate más diestro, para no pensar en la muerte o para pensar en ella con cierta distancia. O simplemente para tener algo que hacer entre sopa y sopa. Sin embargo, todos los escritores parecen avergonzarse de ello."
A veces la vergüenza de escribir es sana. Se convierte en un bloqueo efectivo para cierta mierda innecesaria y jarta que se lee por ahí. Y sin embargo, como dice Ray Loriga, se escribe mucho. Mucha gente quiere ser escritor "cuando sea grande", y tanta más piensa que ser escritor es una especie de don que permite cagarse en todo. Pero ese don es como también señala Loriga, a lo John Cheever, algo que debe ocultarse: porque a veces es más digno disfrazarse de idiota todos los días para ir a un trabajo que no se quiere, porque lo importante es, como siempre, el disfraz; porque no nos pone de pelea ir a comer la misma masa amarillenta todos los días y cobrar por ello; porque un mono con traje es un señor y a una rata con tacones hay que cederle la silla, caballeros.

2 comentarios
... Saludo Angelita... por aqui admirando tus perversiones... :)...
ResponderBorrares cierto que en la actualidad es tenaz la cantidad de desinformacion que se esta acomulando en la red... ahora todos son doctores... :(
Un cafecito... quedamos en contacto... www.trejoscomics.blogspot.com
Angelita,
ResponderBorrarEstá muy bien la entrada, el dibujo de la relación ésa de amor-odio con la escritura. Me gusta lo que tú escribes mucho más que la cita de Loriga. Me gusta la violencia de tu escritura, lo torrentosa que es. Pero disiento: no creo que en ningún caso sea más digno encorbatarse y ahorcarse por 8 horas en un oficina-invernadero. Ahora que estoy tranquilo en mi casa estoy seguro de ello. Espero que de aquí no me saque nadie y no tenga que tragarme mis palabras y pasármelas con un rancio tinto de oficina.
Bueno, sí, me gustó tu blog.
Un saludo.
Atentamente,
Una joven promesa de la poesía.
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