Así perdamos, hoy ya ganamos
viernes, julio 04, 2014Me considero ignorante e impedida en cuestiones deportivas y empiezo por esta afirmación para que quede claro que no vengo, como Joe Arroyo, con La Verdad, a decirle a nadie lo que debe pensar ni cómo debe sentirse con respecto al Mundial. También empiezo por acá porque no me interesa entrar en la polémica en la que muchas mujeres se sienten ofendidas porque un columnista, desatinado, dice que las mujeres "son maravillosas" pero no deberían hablar de fútbol y sin embargo, así indignadísimas, avalan chistes sobre "la moza" del antiguo director técnico de la Selección Colombia a quién este —Hernán Darío "El Bolillo" Gómez— agredió físicamente en un reconocido bar de Bogotá, incidente que causó su salida del plantel colombiano y nos trajo a este maravilloso estratega que es José Pekerman.
Me considero ignorante porque aunque sé qué es un fuera de lugar y puedo opinar sobre decisiones arbitrales sin hacer el ridículo, conozco gente —hombres y mujeres— que saben mucho más que yo al respecto y que ven el fútbol de una manera mucho más lógica; claro, sin llegar a la fanfarronería de un tecnolecto inventado como Carlos Antonio Vélez, que no le ha ganado a nadie, pero se siente con derecho a juzgar al mejor jugador en la que va de la Copa Mundo 2014, James Rodríguez.
Habida cuenta de que no sé y no me interesa hacerle creer a nadie que sé, hablaré desde mi puro sentimiento sobre el desempeño de la Selección Colombia en este Mundial y lo que nos espera en pocas horas al enfrentar a Brasil en un certamen que, según la opinión de algunos, está diseñado para que la selección carioca sea campeona.
Acudo al cliché que hemos repetido en estos días y es que ya ganamos. Y sí. Si me remonto al momento en que muy pequeñita —en todo sentido— vi a Freddy Rincón marcar ese gol en los últimos minutos del partido contra Alemania y lo que sentí, sin saber nada de fútbol, esa esperanza de ver a toda la gente de mi barrio, a mis abuelos, mis tíos, todos, felices al mismo tiempo, por la misma causa, siento que sí; que si ya esa fue una victoria tan enorme fue porque tuvimos voz ante el mundo, porque ese gol fue una manera de decir "¡existimos, somos Colombia!". Entonces, ya ganamos, porque hoy más que nunca somos, con todo lo terrible y lo hermoso de nuestro país, somos, tenemos una voz que no es la de Shakira, ni la de Juanes, ni la de Carlos Vives, pero tampoco la voz siniestra de Escobar, de Uribe, de la violencia y la coca: por primera vez la nuestra es la voz de un equipo, es una voz colectiva, del trabajo, del esfuerzo honesto y concentrado.
Es que el deporte, creo, es uno de los sacrificios y las glorias más profundas a las que puede entregarse un cuerpo. El deporte, en el caso del deportista profesional, destroza el cuerpo, lo modifica, lo lleva más allá de sus límites y a punta de disciplina y sobrexigencia, le da una vida útil para su oficio muy corta —mientras Faryd Mondragón (43) y Mario Alberto Yepes termina su carrera en el fútbol, en otras disciplinas 38 años es solo el inicio—, pero que recompensa con la gloria de sentir que ese cuerpo ya no es del deportista, sino del país, de un pueblo, que ha trascendido la frontera entre él y los otros.
Así que cuando critican eso de montarse al bus de la victoria, cuando los que supuestamente "saben/sabemos" de fútbol hacen burla de los que solo ven fútbol cuando juega la selección, cuando no entendemos por qué nuestros hijos no se concentran en el partido pero celebran los goles con el alma, en realidad nos estamos perdiendo de reconocer que el mayor logro del deporte es hacer sentir como propio el esfuerzo y el triunfo ajenos, así sea por un instante. Por eso todos somos James, Cuadrado, Jackson, pero también Nairo, Rigo, Catherine, Urrutia, Pajon; en ese reconocimiento de que la gloria de ellos es solo suya y sin embargo nos la regalan al ponerse los colores de esta tierra donde mal o bien hemos vivido y sufrido y guerreado pero también amado. Esa tierra a la que ellos, sin pertenecer a las élites políticas ni económicas, le han dado más que todos nuestros dirigentes juntos.
Cuando decía que ya ganamos, me refiero a nosotros, a los hinchas, que tenemos más que nunca —sin demeritar el esfuerzo y el talento de anteriores selecciones—un ejemplo de lo que podemos ser, de lo que podemos querer ser, de lo podemos soñar y en efecto, alcanzar. Sin arrogancia ni escándalos ni sobreactuaciones los muchachos de Pekerman, nos hacen sentir —a mí, a los de mi generación— tan lejos de un pasado de oscuridad, de muerte, de miedo y nos hacen querer de nuevo al país, a Colombia, en el que en cierto sentido ya no confiábamos, no solo en el fútbol, sino en la vida.
Hoy ya ganamos, así perdamos, ya ganamos.


2 comentarios
me da gusto que no sepas nada de fútbol,y me da gusto porque es la mejor forma de disfrutar este deporte, porque cuando si sabes te das cuenta de toda la corrupción que existe en las federaciones, y las grandes mafias, por eso felicidades, un gran papel perdieron contra Brasil porque así lo habían decretado en la FIFA, y si tienes razon colombia gano , felicidades
ResponderBorrarNo hay duda, el fútbol es universal y Colombia es un gran equipo que mereció ganar.
ResponderBorrarUn abrazo.
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